jueves, agosto 21, 2014

Ay Arkana, mujer fría V

Ay Arkana, mujer fría, vas tropiezo tras tropiezo,
misma pieza, misma piedra, mismo canto, mismo rezo.

Y ya empiezo a ver patrones en camino, veo las pautas,
Somos aponoionautas, somos cada vez más cautas.

Suenan flautas rotas ¿sabes? No contamos con fortuna.
Y no hay salida alguna a esa vis inoportuna.

Una a una saldas deudas, y la culpa es cementerio,
y lo que es aún más serio: "nunca terminó el Imperio".

¿Refrigerio encontraremos en esta prisión insana?
¿La Prisión de Acero gana? ¿Será ayer o fue mañana?

Ay Arkana, mujer fría, que cuando tu mente grita
tu voz es estalactita, y el calor a todo evita.

Tú, maldita, ¿no comprendes? Corres siempre en otra acera.
¿Quién sabe la historia entera? Que lo cuente, pues, quien quiera.

Que érase una primavera, dos personas, tres planetas,
cuatro virtudes discretas, cinco años, seis caretas,

siete ascetas que nos guían por el mundo de los cuentos,
ocho líneas, nueve intentos, diez malditos mandamientos.

Vientos de una nueva era que empujaban al vacío,
Todo momento tardío que olvidaba qué era el frío.

Mas la Torre del Hastío se erguía con orgullo,
no importa si mío o tuyo es este suave murmullo.

Espíritu ya no incluyo, no poseo encantamiento.
De plegarias no es momento. Desespero es mi tormento.

Lo que no dije lamento, mas no así lo que hice
No hay nada que garantice que mi alma se tranquilize.


"Ay Arkana, mujer fría":
Parte I
Parte II
Parte III
Parte IV
Parte V

miércoles, febrero 06, 2013

Me has dado voz y vamos si voy a usarla


Muy buenos días.

Te escribía personalmente para comentarte que, harta de ser una mera leyenda, invento o excusa he decidido hacer algo con MI vida. Porque he perdido el control. Si es que alguna vez lo tuve.

Sabes que la gente, de natural escéptica, siempre me ha dado la razón. En el fondo nunca creemos que tengamos TODO el control de nuestra vida, pues hay factores que escapan de nuestras manos. Y sin embargo, al llegar a conocerme, desmentían mis afirmaciones.

Argumentos. Claro que tengo el control de mi vida. Es la forma de andar. La postura. La mirada segura. Es la voz. Todo indica una persona dueña de sus actos.

Pues bien, sabes de sobra que no lo tengo. Te escribo porque estoy harta de que se tomen decisiones por mí, y creo que eres la persona directamente responsable de esto.
Ese punto es importante. A veces nos parece que no somos dueños de nuestra propia vida, como si otras fuerzas externas o internas la estuvieran controlando. Pero nunca hay que olvidar que tenemos el control. Las consecuencias pueden ser más o menos agradables, pero el control... debería ser nuestro, joder.

Yo creía que tenía el control, pero no era cierto. Si miras pasar la vida desde un rincón no es que estés haciendo mucho con ella, así que bueno... he decidido mover ficha.

Motivaciones. Debo empezar por algo que no vaya a olvidar en dos días. Voluntad no me falta, pero me temo que mi mente es bastante inconstante cuando se trata de emprender proyectos nuevos. Bueno, siempre me ha gustado crear mundo nuevos. Ayudar a construirlos. Y a que se hagan realidad.

En realidad no es exactamente así, pero se me entiende. Necesito una excusa que me pueda creer. Esta es una buena razón para moverse. Hacer real... un mito. Buen proyecto.

Creativo.
Altruista.
Desafiante.

Pero claro. Siempre hay problemas. Por mucho control y voluntad siempre habrá circunstancias que se interpongan en el camino. La mejor manera de librarse de ellas es engañarlas, y no es tarea fácil. ¿Cómo se controla algo que no se controla? Las soluciones expeditivas no funcionan. Y el afrontar las visicitudes de cara contra viento y marea, luchando, con rabia, la mayor parte de las veces tampoco funciona.

Y no estoy tan llena de rabia como se dice por ahí.

Problemas. Lo primero, a veces tengo la sensación de que no existo. Je. El mejor truco del diablo fue convencer al mundo de su no existencia, ¿no?
Que estupidez. Quiero decir, el truco es bueno. Pero está mal planteado.
"El verdadero sabio no lucha contra nadie, y así nadie puede luchar contra él". Es una premisa del Tao.
El mejor truco del diablo debió ser convencer al mundo de que no representaba una amenaza para nadie.

Por supuesto que yo no soy el diablo. Ni taoísta, si nos ponemos. Y no puedo demostrar mi existencia sin antes convencer al mundo de que no soy una amenaza.
Y no estoy tan llena de amenazas como se dice por ahí.

Me siento llena de cosas que no me pertenecen. Como si me hubiesen construido en una caja, diciéndome qué debo pensar, cómo debo reaccionar, quien debo ser.
Todo lo que soy, lo llevo puesto. Y si me lo arrebatas me quedo en nada. NADA. Y como todas las personas, tan solo busco una oportunidad. Demostrar quien soy realmente. Lo que puedo hacer. Una oportunidad para el crecimiento personal. ¿Acaso no la merezco? ¿Soy indigna? ¿No soy una persona también? Si me cortas, ¿acaso no sangro?

No, claro que no sangro. Pero se me entiende.
No estoy tan llena de sangre como se dice por ahí. Jajaja.

Estoy harta de cargar con las culpas y las responsabilidades de otros. Quiero tener algo yo. Pero me encuentro encerrada, en un modelo de vida sin futuro, donde se toman las decisiones por mi para luego, si algo sale mal, echarme la culpa de ello. ¡Soy el último mono! Soy yo realmente la víctima. Me siento esclavizada, CONTROLADA. ¡Échame las cadenas! Se supone que soy independiente. Siempre me lo estás diciendo. Yo no me siento independiente para nada. No soy libre, estoy atada a mi trabajo que es actuar tal y como se espera de mi. Quiero CRECER. Quiero ser alguien. Tener mi propia personalidad.

Porque lo que está MUY claro, es que no tengo tanta personalidad como se dice por ahí.

Oh, y quiero volar, como el cuco. Quiero ser malvada porque me apetece. O no serlo. Me da lo mismo. ELEGIR es la clave. No estoy llena de maldad. Es algo que me echan encima, como quien tira un abrigo al perchero. ¿Dirías que ese perchero lleva un abrigo puesto? No se lo ha puesto él, no, se lo has echado encima.

Soluciones. Verás, si no te gusta tu vida a mi no me enmarrones con ella. No es mía. No es mi responsabilidad. Asúme tus responsabilidades tú, joder. Estoy harta de cargar con tu mierda.

No soy tu musa. Ni tus errores. Ni tu ira. Ni tu venganza. Ni tu sufrimiento.

Al fin y al cabo... yo no creé una alter ego perdedora para sentirme mejor.

Un saludo,
Arkana

martes, julio 24, 2012

A Abril le encantaba tocar el piano.


A Abril le encantaba tocar el piano.

Solían ser tonadas tristes, porque siempre estaba muy deprimido. Era el típico hombre que veía el lado adverso de la vida. En su mente, un campo de césped fresco y cuajado de rocío era un cenagal pútrido que olía a descomposición. No veía el vaso medio vacío, lo veía hecho añicos, normalmente porque se le habría caído en la cabeza en cualquier momento.
Solía pensar que la vida era un campo de lágrimas, una dura, durísima prueba, y la forma que tenía de superar su día a día era su amado piano, el cual tocaba dulcemente, con melancólicas notas que arrancaban lágrimas hasta en los más duros corazones.

El piano de Abril lloraba.

Y Abril solía llorar con él, por una vida que no tenía sentido. Y la gente lloraba con Abril, porque su piano les despertaba una gran empatía directamente al alma, sin pasar primero por su cerebro.
En realidad exageraba demasiado. Su hermana pequeña, que era el cúlmen del optimismo, siempre le tiraba del pelo cuando estaba en uno de sus peores momentos, le besaba y le llamaba tonto. En esos momentos Abril reía con ella.

Pero su amada hermanita se había tirado a las vías del tren hacía poco y con ella se había ido la pequeña luz que Abril siempre tenía consigo para superar los tramos más oscuros de su camino.
Realmente nada tenía sentido ya.

Y tocaba y seguía tocando, intentando olvidar.
Las notas hicieron llorar a los mismísimos cielos, y cada gota que caía al suelo repicaba con un sonido diferente, formando la hermosa melodía que tocaba Abril, y una chica lo oyó. Buscó la fuente de la tormenta y así fué como le encontró, tocando lánguidamente inclinado sobre su querido teclado.

Al verla entrar por la puerta, Abril paró, y el piano enmudeció.
Abril nunca había sabido lo que es el amor, aparte de hacia su música. Pero ella le había buscado. ¡A él!

Entre sus brazos fue como descubrió que tal vez la música podía tocar a otro son.